El mundo en el hogar: La radio y la televisión

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2.15)

Entre todas las diversiones del mundo, la radio y la televisión son grandes perversidades. Ellas hacen dormir a la gente, tanto moralmente como espiritualmente. Su fuerza maliciosa y siniestra ha entrado en la sala de hogares innumerables. Repugnantes escenas inmorales y de crimen han ganado la entrada en el santuario del hogar. Este peligro es aun más dañino que muchos otros males que nos rodean porque ya se encuentra dentro del hogar con la aprobación de los padres.

La mayoría de los padres ni aun piensan en llevar a sus hijos a los clubes, teatros u otros lugares indecentes ni a lugares de diversiones moralmente depravados. Sin embargo, estas mismas cosas se oyen y se exhiben delante de todos en la sala del hogar. ¡Satanás ha logrado una victoria tremenda! ¿En dónde se ha visto algo parecido para corromper tan completamente a la juventud en tantos países? Es una verdad bien establecida que lo que entra por los ojos hace una impresión profunda.

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¿Hay Matrimonio y Sexo en el Cielo?

¿Qué es el cielo?

Tal vez debemos empezar allí antes de otra cosa. El cielo es el ceder o hogar de Dios. El cielo va cambiando dependiendo donde está Dios (esencialmente Dios el Padre). Como sobre vista, la Biblia explica que ahora, el cielo está más arriba (significando más afuera de nuestro alcance, y no una dirección) que las estrellas. Allí vive Dios el Padre y los ángeles, y ahora Jesucristo.

Pero el cielo también es otra cosa. El cielo es una comunidad donde vivimos “con Dios”, en comunión donde su vida y experiencias llegan a ser nuestras. Es vida en conjunto con Dios. Además es siempre representado como un gran placer.

Como los ángeles

Marcos 12:19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20 ​Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?

Jesús aclaró el error de los saduceos (quienes quisieron echar una trampa sobre Jesús), y se aclaró que nuestra vida en el cielo no va a ser como nuestra vida aquí en la tierra.

Marcos 12:25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.

Jesús aclaró que en contraste con la vida humana en la tierra, nuestra vida en el cielo será como la vida de los ángeles.

Primero, vamos a examinar el asunto del ángulo sexual. Aquí en la tierra, los seres humanos tienen sexo. Pero el sexo para un cristiano, como lo ve Dios, no es lo mismo como el mundo popular lo vea. El sexo es una forma de unirse los dos, hombre y mujer, en una forma que es más bien toda su vida. En la vista de Dios, el único sexo aceptable es entre dos adultos, hombre y mujer que tienen el vínculo  del matrimonio. Los dos se unen espiritualmente, socialmente, y emocionalmente, y el elemento final es físicamente.

El concepto del mundo es que el sexo es un placer físico, y realmente (para la mayoría) no importa lo demás de los elementos. Conceptos acompañantes como el compañerismo, el sacrificio r de uno para el bien del otro, lealtad, servicio, etcétera no entran o no están muy importantes y universales tanto el placer físico. La codicia (en cualquier forma) es el problema. Ve La Codicia y la Biblia.

Entonces, para el cristiano, el sexo, y aun el vivir fielmente juntos como esposa y marido, son funciones o elementos integrados con el propósito de Dios para el matrimonio, y son relacionados con lo espiritual. Por esto, espiritualmente hablando, un cristiano no hace sexo con personas que espiritualmente no tiene la relación de marido y esposa formalmente definido. De juntarse físicamente con una ramera es un pecado espiritual.

El “empuje” para tener sexo será quitado en el cielo. Este empuje es el deseo desordenado para gratificación física a cualquier costo, especialmente usando a otros para que uno se sienta bien físicamente. Ángeles que nunca han pecado y viven adentro de la voluntad de Dios no tienen este empuje tampoco, y seremos como ellos.

Los Propósitos de Dios habrán cambiados por entonces

Otra consideración aquí es que el proceso de reproducción de seres humanos para continuar la raza humana no existiría en el cielo. La vida eterna es de vivir continuamente sin terminar. La unión conyugal es algo que sirve a Dios. Por medio de una relación singular y dedicada, uno con su pareja, tenemos diariamente un ejemplo de nuestra relación con Dios. En esto, la lealtad, el compromiso de tiempo y interés, el amor, etcétera, son cosas que experimentamos aquí y ahora, cada día, y estos deben llamarnos a lo mismo hacia a Dios.

Todo esto enfatiza la relación y sus dinámicas entre marido y esposa, y se transfiere a nuestra relación salvadora con Dios. La Biblia habla de la unión en el matrimonio (Gén 2:24; Marcos 10:6-9).

El Gozo sobre todo otro gozo

A la verdad, el sexo es visto como el gozo más grande que un ser humano puede experimentar. Pero no es cierto, porque el gozo más grande es una relación con Dios. El sexo es de unirse físicamente con otra persona, y luego la emoción se llena la persona. Lo que es jalador de la experiencia del sexo es la unión, y como uno la disfruta.

Pero a la verdad, no hay nada que se puede comparar con nuestra unión con Dios. A la verdad es también físico, Dios el Espíritu y Jesucristo entrando a morar en nuestras vidas. Aquí en la tierra esto tiene sus imperfecciones, pero en el cielo, será perfecto y para la eternidad.

Al final de esta relación de unión y comunión con Dios es la transformación de nosotros a ser como Dios (1Jn 3:2). Ahora entendemos esto parcialmente y imperfectamente, pero en el cielo, vamos a entenderlo totalmente (1Cor 13:13).

La Tareas no existiría

Otro elemento aquí es que en la tierra, el hombre es encargado con el liderazgo, y la mujer con sumisión. Estas tareas que Dios tiene para cada uno terminarán en morir y irse al cielo con Dios. Hechos 10:34.

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Nuevos Creyentes: Principios bíblicos

Instrucciones para nuevos cristianos

Grandes principios bíblicos para la vida cristiana

Nosotros damos por entendido que los que estudian este libro ya han comenzado la vida cristiana con toda sinceridad y que han aceptado de todo corazón tanto las ordenanzas de la iglesia como también las demás enseñanzas bíblicas que hemos estudiado. Sin embargo, lo cierto es que todavía hay muchas cosas que deben conocer.

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Landis – Por sus Frutos los conoceréis

FolletoPOR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

Falsos profetas en la grey

Usted puede conocer un árbol frutal por los frutos que produce. Muy fácil, ¿verdad? Es como dice la Biblia en Mateo 7.16: Por los frutos los conoceréis. De la misma manera, usted puede conocer el corazón de una persona por las obras que hace. Esto no es tan fácil, pero se aplica en la misma forma al corazón humano como al árbol frutal.

Luís Sánchez conocía bien tanto las nueces como los árboles de nueces. Desde hacía treinta años los cultivaba en el valle Shenandoah de Virginia, EE.UU. Por medio de injertos, él mismo había desarrollado nuevas variedades. Para poder hacer esto, seleccionaba los mejores tallos de los diferentes árboles, y con mucho cuidado los injertaba a troncos ya de antemano preparados. Satisfecho veía crecer esos nuevos tallos hasta que, finalmente, se hacían árboles llenos de nueces.

Pero Luis Sánchez nunca decidía propagar o producir una nueva variedad juzgando solo por el árbol. Más bien los juzgaba a cada uno por la calidad y la cantidad de frutos que producía.  Después de haber sacado de la cáscara la sabrosa nuez, todavía la pesaba aparte y hacía un porcentaje comparando la cantidad de nuez con las cáscaras. A base de todo esto, escogía las mejores variedades.

Así también usted, igual que Luís, juzga y evalúa todo árbol frutal por sus frutos: las ricas papayas, las dulces naranjas, las deliciosas cerezas, los jugosos mangos. Siempre son los frutos los que llaman la atención.

Y así es en su vida espiritual: son los frutos los que valen. ¿Qué, pues, son los frutos espirituales? Son las buenas obras que usted hace; no sus buenas intenciones ni su fe que no se puede ver. Las espontáneas y visibles acciones que usted hace, a ésas me refiero.

¿Cuáles son las acciones que usted recuerda todas las noches cuando está para acostarse?  ¿Son actos bondadosos, cuidadosos, sanos y puros? ¿O saben a egoísmo, impureza, codicia, e impaciencia? ¿Le cuesta decidir qué clase son? Hagamos las preguntas de otra manera.  Cuando usted examina la vida de otros, ¿qué clase de acciones encuentra en ella? ¿Es verdaderamente tan difícil saber si los hechos de otros son buenos o malos? Probable que no.

Ahora, ¿qué clase de frutos ven otros en usted cuando ellos le examinan? 0 más importante, ¿qué dirá Jesús cuando Él examine sus actos? ¿Encontrará los frutos de su vida podridos, llenos de gusanos, sin sabor o pura cáscara? ¿Puede usted imaginar las acciones suyas en las manos del Maestro? ¿Serán como frutos escogidos, de buen gusto, y abundantes? La respuesta es muy importante, porque Jesús enseñó: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.20).

Jesús quiso que supiéramos que Él juzgara a todo hombre por sus obras. Las obras muestran lo que hay en el corazón. Además, Jesús dijo:  “Por sus frutos los conoceréis”, porque quiso que nosotros supiéramos juzgar los corazones de los demás por sus acciones. Este pasaje hace énfasis especialmente en que sepamos distinguir entre los profetas verdaderos y los profetas falsos. Jesús explicó que el fruto que el hombre produce revela qué clase de maestro él es. Jesús no enseñaba que él mismo podía discernir la fe del invisible corazón, aunque claro que sí, puede. Lo que Él decía significa que hombres como usted y yo podemos evaluar por las acciones la invisible creencia de otros.

Por lo tanto, debemos tener nuestros ojos abiertos para cerciorarnos si lo que otros dicen concuerda con lo que hacen. Pero no dejemos nosotros de hacer buenos frutos por estar juzgando los frutos de los demás. Tampoco pensemos en hacer muchas buenas obras para disfrazar un corazón malo o cubrir acciones malas. Eso de nada servirá; las uvas no crecen en arbustos espinosos, ni los higos en los abrojos.

Usted necesita el tronco correcto para poder dar frutos buenos. Por lo tanto, si su vida es estéril o produce malos frutos, deje que Jesucristo lo purifique ahora mismo. Usted verá luego los hermosos frutos brotar de los tiernos retoños de su vida. El resultado natural será buenas obras, las que Jesús llamó buenos frutos.

No debemos esconder esos frutos. En Mateo 5.16, Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Todo el mundo espera ver buenas obras en la vida de los cristianos. Todos también juzgan la falta de fe en otros por sus obras malas.

Y así los cristianos pueden juzgar a los hombres de la misma manera. Hechos malos quiere decir un corazón malo, no importa lo que diga con su boca. ¿Por qué? Porque el mismo Jesús enseñó esta simple verdad, tomando ejemplo de la naturaleza: “Por sus frutos los conoceréis”.

—Santiago Landis

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Goforth – Un Pentecostés personal

Goforth – Un Pentecostés personal

–Jonatán Goforth

A mi regreso a la China, en el año de 1901, después de recuperarme de los efectos de la rebelión Bóxer, empecé a experimentar una creciente insatisfacción por los resultados de mi trabajo. En mis primeros años de trabajo misionero, me había sostenido con la seguridad de que la siembra siempre antecede a la cosecha; por lo tanto, yo había estado satisfecho en mantener una aparente lucha vana. Pero ahora, habían pasado 13 años y la cosecha se veía más lejos que nunca.

Yo estaba seguro de que había algo más grande frente a mí; pero, me faltaba tener la visión de su realidad y la fe para tomarla. Constantemente volvían a mi mente las palabras del Maestro: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará…”. (Juan 14:12)  Y siempre con profundo dolor, me daba cuenta que lo poco que yo realizaba año tras año, no era equivalente a esas “mayores obras”.

Intranquilo e insatisfecho, fui movido a estudiar más extensamente las Santas Escrituras. Cada pasaje que tuviera alguna relación con el precio que habría de pagar o el camino de acceso para obtener poder, llegó a ser como mí vida y como mi misma respiración. Había un buen número de libros sobre avivamiento en mí biblioteca. Los leí varias veces. Llegó a obsesionarme tanto esto, que mi esposa empezó a dudar si podría soportarlo mi mente. De gran inspiración me fueron los informes de los avivamientos en Gales en el período de 1904 y 1905. Ya se veía claramente: ¡El avivamiento no era una cosa del pasado! Paulatinamente empecé a darme cuenta de qué me estaba acercando a una mina de posibilidades infinitas.

A fines del otoño de 1905, un amigo de la India me envió un pequeño folleto de Eddy, el que contenía selecciones del libro “Autobiografía de Carlos Finney y Discursos Sobre el Avivamiento”.  Esto fue lo último que ocupé para que un gran fuego espiritual se encendiera en mí corazón.

En la portada de ese folleto estaba escrita esta expresión: “qué era lo mismo que un agricultor orara por una cosecha de temporada, sin cumplir con las leyes naturales, a que un cristiano esperara una gran cosecha de almas, simplemente pidiendo, sin molestarse por cumplir las leyes que gobiernan la cosecha espiritual”. Hice un voto: “Si Finney está en lo correcto, entonces yo voy a encontrar cuáles son esas leyes y obedecerlas, sin importar el costo”.

A principios de 1907, un hermano misionero me había prestado la “Autobiografía Completa de Finney”, la que yo iba leyendo durante mi viaje para participar en una intensa obra evangelística, que nuestra misión conducía anualmente en la feria de Hsun Hsien, feria que era grandemente idólatra. Es para mí imposible determinar todo lo que este libro significó para mí. Nosotros, los misioneros leíamos diariamente una porción, mientras hacíamos nuestro trabajo en la feria.

Fue en esa feria donde yo empecé a ver evidencia de que un poder mayor estaba comenzando a agitar los corazones de las personas. Un día mientras predicaba sobre I Timoteo 1:1-7, muchos parecían estar profundamente tocados. A un evangelista que estaba detrás de mí se le escuchó decir con reverente susurro: —¡A esta gente se les tocan sus corazones, al igual que el día de Pentecostés, cuando escuchaban a Pedro!

Esa misma noche en uno de nuestros locales, los que habíamos alquilado, hablé a una audiencia que llenaba completamente el edificio. El mensaje estuvo basado en 1 Pedro 2:24 “Quien llevó, Él mismo, nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. La convicción de sus pecados parecía dibujarse en cada uno de los rostros. Finalmente, cuando hice la invitación para que se decidieran por Cristo, toda la audiencia se levantó como un solo hombre, llorando y diciendo: —¡Queremos seguir a este Jesús, quien murió por nosotros!—  Yo pensaba que uno de los evangelistas estaría listo para tomar mi lugar, pero para mi sorpresa cuando volteé, encontré a todos ellos, diez en total, parados, sin movimiento, mirando maravillados.

Dejando a uno de ellos para que se encargara de la reunión, los otros y yo fuimos a un cuarto, del interior del local, a orar. Durante algunos minutos hubo un silencio completo. Todos parecían estar demasiado sobrecogidos para poder decir algo. Por fin, uno de los evangelistas, con voz entrecortada, dijo:

—Hermanos, Aquél, por quién hemos orado tanto tiempo que viniese, estuvo verdaderamente esta noche con nosotros. Pero asegurémonos que vamos a retener Su presencia, debemos caminar muy cuidadosamente.

Apenas habían pasado unos cuantos meses después de esto, cuando el mundo religioso fue electrizado por la maravillosa historia del avivamiento en Corea. El secretario de misiones extranjeras de nuestra iglesia, el Dr. R. P. MacKay, quien estaba visitando la China en aquel entonces, me pidió que lo acompañara a Corea. No necesito mencionar cuánto me gocé en esta gran oportunidad.

El movimiento coreano fue de un significado incalculable para mí vida, porque me mostró de primera mano las posibilidades ilimitadas del método a seguir para el avivamiento.

Una cosa es leer libros acerca de los avivamientos, pero ser testigos personales de este acontecimiento y sentir el ambiente en nuestro propio corazón, es una cosa completamente diferente.

Corea me hizo sentir, como se lo hizo sentir a otros, que el avivamiento era el plan de Dios para poner al mundo en las llamas del fuego del Espíritu.

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McKinney-¿Qué es el avivamiento?

McKinney-¿Qué es el avivamiento?

HAY AVIVAMIENTO CUANDO uno se ve a sí mismo como Dios le ve.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO existen una convicción profunda y una búsqueda ansiosa, que los mueve a aborrecer el pecado a las personas.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO existe una intensa búsqueda de Dios y de su santidad.

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Los dos Pactos

En la Biblia encontramos dos pactos (testamentos): el antiguo y el nuevo. Los dos son distintos. Es de primordial importancia una comprensión cabal sobre este concepto bíblico. A menos que comprendamos el plan de Dios respecto a los dos pactos, no podremos percibir correctamente cuál sea la voluntad de Dios para nosotros hoy día en nuestras vidas. Y esto sucede porque resulta imposible guardar los dos pactos al mismo tiempo.

Por ejemplo, bajo el antiguo pacto Dios mandó que su pueblo conquistara, por medio del uso de armas de guerra, a las naciones malas que habitaban la tierra de Canaán. Mas el nuevo pacto dice claramente que las armas que nosotros usamos no son las del mundo. Entonces, ¿cómo podemos saber en la actualidad cuál es la voluntad de Dios para nosotros en cuanto a la participación en la guerra? El antiguo pacto manda que su pueblo participe en la guerra, mientras que el nuevo se lo prohíbe al pueblo de Dios. Ambos pactos son de Dios, ambos forman parte de la Santa Biblia, la cual está inspirada por Dios en su totalidad. ¿Qué hacemos con estos dos pactos?

Es la aparente discrepancia entre los dos pactos lo que ocasiona mucha confusión entre muchos evangélicos hoy en día. Al no comprender el plan de Dios relativo a los dos pactos, ellos se ven continuamente confundidos por las muchas y variadas opiniones sobre la cuestión de la participación en la guerra, el uso de las joyas, el divorcio y las segundas nupcias, las riquezas materiales, etc., etc. El antiguo pacto dice algo sobre todas estas cosas, mientras que el nuevo pacto indica otra cosa. Lo que sucede con demasiada frecuencia es que las personas y las iglesias escogen los elementos de los dos pactos que les agradan, y hacen caso omiso a los demás. Sin embargo, al percatarnos del maravilloso plan de Dios respecto a estos dos pactos, él nos revela un camino lleno de gozo y seguridad.

Primero que todo, tenemos que darnos cuenta que la ley de Moisés fue provisional: fue hecha para terminarse. Romanos 10.4 dice: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. Y es evidente que el mismo Dios así lo planeó desde el principio. Dios habló a Moisés, por medio de quien instituyó la ley, y dijo: “Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta” (Deuteronomio 18.18-19). De manera que vemos que Dios no planeó que la ley tuviera vigencia para siempre. La ley de Moisés cumpliría su propósito sólo hasta la venida de Cristo. De ahí en adelante, los relatos contenidos en el antiguo pacto sirven como ejemplos para nosotros (véase 1 Corintios 10.1-11). Pero no basamos nuestra práctica y doctrina sobre las leyes del antiguo pacto porque las mismas ya no mantienen su vigencia en nuestros días. Más bien, ¡ahora estamos bajo “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” (Romanos 8.2)! Véase también Gálatas 6.2.

No obstante, quizá alguien diga: ¿Acaso Dios cambia? No. “Yo Jehová no cambio” (Malaquías 3.6). ¿Cambia su ley? Los mismos principios de la verdad eterna fueron expresados tanto por la ley como por el evangelio; los dos forman parte de la misma palabra de Dios. Pero Dios, en su sabiduría infinita, aplica sus principios eternos a las condiciones de cada época. ¿Acaso el padre cambia de opinión en el diálogo que presentamos a continuación?

Un hijo se acerca a su padre un día y le dice:

—Papá, ¿puedo ir a la ciudad?

—No —le responde el padre del muchacho.

Al día siguiente viene el hijo nuevamente y le pregunta a su padre:

—Papá, ¿puedo ir a la ciudad?

—Sí —dice el padre.

¿Acaso el padre ha cambiado de opinión? No. Él sabía de antemano que no sería conveniente que su hijo fuera al pueblo la primera vez que le preguntó. Sin embargo, al día siguiente el padre consintió en que su hijo fuera a la ciudad porque pensó que le convendría. El buen padre siempre sabe el porqué de las cosas, mas pueda que el hijo no lo sepa. Él sabe que hoy las condiciones en el pueblo han cambiado, y por eso dejó ir a su hijo, aunque ayer no se lo permitió.

De igual manera Dios ha dado leyes en el nuevo pacto que no están conforme a las del antiguo pacto. No porque él ni su verdad hayan cambiado, sino porque así lo planeó desde antes de la fundación del mundo, sabiendo las circunstancias que existirían en cada época. Dios aplica la verdad eterna e inmutable a las condiciones existentes de cada época (véase Romanos 16.25-27; 1 Pedro 1.20).

La ley suprema para el pueblo de Dios en el antiguo pacto fue la ley levítica, mientras que en el nuevo pacto es el evangelio de Cristo. Existe una armonía y una unidad perfecta entre estas dos leyes. Ambas dependen la una de la otra. Todos los sacrificios y las ceremonias bajo la ley eran solamente sombras de Cristo y no habrían servido para nada si no hubieran sido cumplidos en Cristo. Él, “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10.14). Por otra parte, “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo” (Gálatas 3.24). La ley de Moisés mostró a los israelitas cuán pecaminosos eran y la eficacia de la sangre para borrar los pecados. Les preparó para recibir a Cristo. Cuando él vino, la ley había cumplido su obra. Sus sacrificios ya no tuvieron valor y la palabra de Cristo tomó el lugar que ocupaban aquellas normas. El Nuevo Testamento es la ley que ahora está vigente y que rige en nuestras vidas. Esa ley es la norma por medio de la cual la iglesia bíblica es gobernada.

Resumimos este artículo al presentar los siete puntos siguientes:

1.   Dios ha dado dos pactos distintos, el Antiguo y el Nuevo Testamento (véase Hebreos 8.6-10).

2.  Dios en su misericordia prohíbe en el Nuevo Testamento algunas cosas que ordenó en el Antiguo Testamento (véase Mateo 5.38-39; Éxodo 21.23-25; Jeremías 31.31-32; Hebreos 7.12). Dios sabía desde antes de la fundación del mundo que así sería.

3.  El Antiguo Testamento era la norma de vida de Israel hasta la muerte de Cristo en la cruz del Calvario (véase Gálatas 3.23-25; Efesios 2.14-15; Colosenses 2.14). Cuando Jesús murió, la ley cumplió su objetivo de revelar a Cristo y preparar a un pueblo para recibirle.

4.  El Nuevo Testamento es ahora la norma para la conducta del cristiano hasta la segunda venida de Cristo (véase 2 Corintios 3.6; 2 Tesalonicenses 1.7-8).

5.  El cristiano debe tener al Antiguo Testamento como una mina rica en instrucción y como algo muy esencial para la comprensión adecuada del Nuevo Testamento (véase 1 Corintios 10.6, 11; Gálatas 3.24-25).

6.  Aquellos que persisten en promulgar la doctrina del Antiguo Testamento, en lugar de las enseñanzas del Nuevo Testamento, trastornan las almas de los oyentes (véase Hechos 15.24; Tito 1.9-11).

7.   El Nuevo Testamento no es el estado final entre Dios y el hombre. Tal como el antiguo pacto fue una preparación para el advenimiento del nuevo pacto, así el nuevo pacto es una preparación para las cosas que Dios tiene preparadas para los que le son fieles ahora bajo el nuevo pacto (véase Hechos 3.19-21; 1 Corintios 15.51-54)

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La Importancia del Culto #1

La Importancia del Culto es una serie de estudios sobre el culto adentro de la iglesia. Hecho por Pastor David Cox

Dejame desviame un poco. Nadie es todo sabio menos Dios. Muchas veces tomamos las cosas que Dios pone importancia sobre ellas y las ignoramos o las depreciamos porque no entendemos. Tal vez nada ha enfatizado la importancia del culto de la iglesia que la Corona Virus quarentina. Ahora nos extrañamos los cultos.

Los Cultos de la Iglesia son para Comunión

Sobre todo, Dios ha puesto los creyentes, sus hijos y hijas, en una comunidad donde se ve uno al otro cada semana. Antes de nada, pero preguntamos ¿Por qué? La razón es porque uno ayuda al otro. Pensamos que el companerismo entre los hermanos no es nada, pero no es cierto. Es muy importante.

Cuando tenemos comunión con nuestros hermanos en la fe, vemos que ellos se desaniman igual que nosotros. Podemos ayudarles a ellos, y ellos a nosotros. Esta se llama comunión. Aun por una reunión por el Internet no es lo mismo. Necesitamos hablar entre nosotros y compartir nuestras pruebas y tribulaciones, y esto no va muy bien con el Internet en un culto donde la gente no pueden hablar uno sobre uno.




El Predicador no ve a la congregación

Yo sé que predicadores han predicado por años sobre el radio, pero a mí personalmente, no me gusta mucho. Yo recibo información que guía mis sermones por ver las expresiones en sus caras. Y sí, veo casi cada uno que está durmiendo. Unos ponen lentes oscuras durante el servicio, pero aun así, ve que está durmiendo

Es de mucho ánimo a mi cuando predico cuando veo gente viendome a mí y tomando apuntes o buscando en sus Biblias. Significa que están conmigo, siguiente el sermón.

Además, a veces no explico bien un punto, y por la duda en las caras de la congregación (especialmente los que toman apuntes) puede parar el sermón y explicar mejor el punto.

Sentiendo al Espíritu Santo

Es difícil explicarlo, pero también un siente el Espíritu Santo en unos cultos cuando uno es físicamente presente. Esto es muy difícil en cultos por el Internet.




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Libros Cristianos Gratuito

Estos libros cristianos son en varios formatos, pdf, MS doc, RTF, e-Sword, theWord, mySword. Son libros cristianos para edificación y para el ministro profesional. Puede ser que hay unos libros que son comerciales (que tienes que comprar), pero los comerciales son muy pocos entre tantos. Como siempre, quien que lee un libro, debe compararlo con la Biblia para ver si es bíblico o no. No consto que todos son libre de problemas doctrinales o errores de lógica, o que viene de personas que no tienen buen testimonio. Tomo lo bueno, y deja lo no bueno. Mi propósito es de proveer una biblioteca cristiana para cristianos y ministros.

Frecuencia: Normalmente voy a tratar de enviar un noticiero cada sábado, pero puedo brincar uno u otro dependiendo si hay libros nuevos que he encontrado o no.

Nota: Estoy ofreciendo libros por medio del noticiero que 1) no voy a ofrecer en ninguno de mis sitios, estos son especiales y muy buenos, 2) si los ofrezco en mis sitios, las personas que reciben el noticiero van a recibirlos semanas o meses antes de que aparecen en mis sitios.

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Sermón ¿Continuamos después de nuestra muerte?

Este sermón trata del rapto y ¿Qué pasa después de nuestra muerte? ¿Dónde está la persona? Continuamos después de nuestra muerte. ¿Qué pasará con nosotros?
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