Nuevos Creyentes: Principios bíblicos

Esta entrada es parte número 1 de 2 en la serie Nuevos Creyentes

Instrucciones para nuevos cristianos

Grandes principios bíblicos para la vida cristiana

Nosotros damos por entendido que los que estudian este libro ya han comenzado la vida cristiana con toda sinceridad y que han aceptado de todo corazón tanto las ordenanzas de la iglesia como también las demás enseñanzas bíblicas que hemos estudiado. Sin embargo, lo cierto es que todavía hay muchas cosas que deben conocer.

En este capítulo nosotros expondremos algunos de los fundamentos cristianos más importantes. En la vida cristiana, como en muchos otros asuntos, existen principios y mandamientos que llevan implícitos ciertas limitaciones y prohibiciones. Nos damos cuenta que algunos de estos principios y mandamientos requieren una acción de limitarse ante una cosa, y que otros implican una total prohibición. Sin embargo, aun estas prohibiciones tienen un lado positivo, el cual requiere una acción por parte del creyente para que se logre el efecto deseado. Por ejemplo, el mandamiento de no resistir al que es malo es meramente el amor en acción, y el de la separación del mundo requiere un conocimiento muy profundo de la voluntad de Dios.

Los fundamentos cristianos que estudiaremos en este capítulo son:

A.  La obediencia

B.  La no resistencia

C.  La separación del mundo

D.  La mayordomía

E.  El discipulado

Sabemos que muchos que profesan ser cristianos no obedecen estas doctrinas. Sin embargo, ellos deben saber que las mismas son doctrinas de la palabra de Dios.

A.  La obediencia

1.  La obediencia a Dios

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama (Juan 14.21). Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará (Juan 14.23). Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos (1 Juan 5.3).

Antes de nuestra conversión seguíamos las pasiones carnales, al mundo y al diablo. Pero cuando decidimos vivir para Dios, al recibir a Cristo como nuestro Salvador y Señor, experimen­tamos una transformación inmediata y completa. Esto quiere decir que ya no deseamos obedecer a nuestro maestro anterior, el dios de este siglo, sino que ahora deseamos obedecer a Dios y sujetarnos a su palabra en todas las cosas.

Sin lugar a duda, Dios exige la obediencia completa de todos sus hijos; él se deleita en que su pueblo lo obedezca. Este principio cristiano es tan importante que ninguna adoración será aceptada por Dios a menos que nazca de un corazón obediente. (Véase 1 Samuel 15.22.) Además, nadie podrá probar que tiene el Espíritu Santo a menos que viva en obediencia a Dios. (Véase Hechos 5.29 y haga una comparación con Romanos 8.9.)

En realidad, nosotros le debemos a Dios toda nuestra obediencia de todo corazón. Él no sólo nos creó, sino que también nos redimió al comprarnos con la sangre preciosa de Jesús. ¡Qué privilegio más grande es obedecer al Señor! Siendo así, no nos será difícil sujetarnos a su santa palabra y aceptar el Nuevo Testamento como la regla absoluta de nuestra vida.

3.  La obediencia a otras autoridades

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas (Romanos 13.1).

El versículo anterior se refiere especialmente a las autoridades civiles, las cuales debemos respetar porque Dios las ha puesto sobre nosotros. En ningún caso debemos desobedecerlas (Tito 3.1), excepto cuando una ley terrenal viola la ley de Dios. (Véase Hecho 5.29.)

La Biblia también instruye que los hijos obedezcan a sus padres “en el Señor”. Conforme a lo que enseña la palabra de Dios, honrar a nuestros padres agrada a Dios y trae grandes bendiciones a nuestras vidas. (Véase Efesios 6.1–3.)

Tampoco debemos olvidar que la Biblia nos enseña a obedecer a los patrones para los cuales trabajamos. (Véase Colosenses 3.22.) Aunque este versículo está dirigido a los siervos entendemos que el mismo también tiene su aplicación en nuestros días.

4.  El verdadero motivo de la obediencia

Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14.15).

No obedecemos a Dios a la fuerza, sino porque lo amamos de todo corazón. El hijo bueno obedece a sus padres porque los ama. Obedecemos las leyes terrenales porque amamos lo bueno. Asimismo, si amamos a Dios obedeceremos los mandamientos de su palabra. Si no obedecemos sus mandamientos, en vano decimos que lo amamos, porque tales profesiones de amor no vienen del corazón. “Este es el amor, que andemos según sus mandamientos” (2 Juan 6).

5.  Las bendiciones de la obediencia

Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Santiago 1.25).

Si somos hacedores de la ley de Dios, tendremos una gran bienaventuranza en todo lo que hacemos. He aquí estas bendiciones, promesas de Dios a los que lo obedecen: ser admitidos en la familia de Dios (Mateo 12.50); el amor y la presencia del Padre (Juan 14.23); el don del Espíritu Santo (Hechos 5.32) y el derecho de entrar en el reino de los cielos (Mateo 7.21).

6.  Los resultados de la desobediencia

Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5.6).

Todos debemos recordar que si rehusamos obedecer a Dios, aunque sea en un solo punto, entonces jamás entraremos en la ciudad celestial. Dios dice que la rebelión y la obstinación son como la idolatría y las hechicerías. (Véase 1 Samuel 15.23.) Y si la desobediencia no proviene de estas cosas, ¿de qué proviene entonces?

Los desobedientes se engañan fácilmente a sí mismos al pensar que de alguna manera Dios pasará por alto su desobediencia. Pero la Biblia declara inequívocamente que los desobedientes acarrean para sí la ira de Dios y el fuego de su venganza que nunca se apaga. (Véase 2 Tesalonicenses 1.8; Hebreos 2.2–3.)

Preguntas

1.  ¿Por qué es necesario obedecer a Dios?

2.  ¿Por qué el creyente debe sujetarse a la hermandad?

3.  ¿A qué otras autoridades debe someterse el cristiano?

4.  ¿Cuál debe ser el verdadero motivo de la obediencia?

5.  Mencione algunas bendiciones que trae la obediencia a Dios.

6.  ¿Cuál es el fin de los desobedientes?

7.  Ofrezca algunos ejemplos de la obediencia y otros de desobediencia.

B.  La no resistencia

1.  La enseñanza de Jesús

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra (Mateo 5.38–39).

Siglos antes que Cristo viniera a la tierra los profetas predijeron su venida al llamarlo el Príncipe de paz. (Véase Isaías 9.6–7.) Las enseñanzas y el ejemplo de Jesús concuerdan precisamente con esta profecía. Él enseña de forma clara que sus seguidores no deben resistir a los que les hacen mal, sino que deben amarlos y orar por ellos. (Véase Mateo 5.43–46.) Sus enseñanzas contra la guerra son igualmente positivas. Él ordenó a Pedro que guardara su espada. (Véase Mateo 26.51–52.) Jesús dijo que su reino no es de este mundo, y por eso sus seguidores no pelean por medio del uso de la fuerza. (Véase Juan 18.36.) Además, el Señor declaró que él no vino para perder las almas, sino para salvarlas. Fue así como él nos enseñó que el deseo de destruir a las personas no proviene del Espíritu de Dios. (Véase Lucas 9.52–56.)

2.  Las enseñanzas de los apóstoles

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Romanos 12.17–21).

Las enseñanzas de los apóstoles armonizan con las de Jesús. Tanto Pablo (en los versículos citados) como Pedro (en 1 Pedro 3.8–9) enseñan la no resistencia. Vemos también en 2 Corintios 10.3–4 que nuestras armas no son carnales sino espirituales. ¿Acaso pueden las armas espirituales usarse contra los hombres de carne y sangre?

3.  El ejemplo de Cristo y de la iglesia apostólica

Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2.19–24).

Pedro cita el ejemplo de Cristo, quien pacientemente llevó todo el desprecio y maltrato que sus enemigos descargaron sobre él. El Señor Jesús no tomó en cuenta los insultos que le propinaron, en cambio oró que su Padre celestial los perdonara. (Véase Lucas 23.34.) Esteban demostró el mismo espíritu no resistente. (Véase Hechos 7.54–60.) También el apóstol Pablo siguió el ejemplo del Señor. (Véase 1 Corintios 4.12–13.)

4.  No se enseñó en el Antiguo Testamento

La ley y los profetas eran hasta Juan (Lucas 16.16).

Hubo un cambio de ley cuando vino Jesús como el sacerdote eterno. (Véase Hebreos 7.12; Romanos 10.4.) Dios dio la ley del Antiguo Testamento para el pueblo de Israel, pero esa ley no tiene vigencia en nuestros días porque Cristo nos ha dado una ley nueva. Esto es evidente en lo dicho por Jesús en Mateo 5: “Oísteis que fue dicho… Pero yo os digo…” Sí, es cierto que Dios permitió la venganza y aun ordenó la guerra en el Antiguo Testamento. No obstante, esa ley no es para nosotros en la actualidad; al contrario, él nos manda a no resistir, a no vengarnos y a no pelear por la fuerza.

5.  Aplicaciones prácticas de la no resistencia

Ya hemos estudiado las escrituras que nos enseñan los siguientes puntos: volver la otra mejilla cuando nos golpean; devolver bendición por maldición; orar por los que nos persiguen; hacer bien a los que nos aborrecen; dar comida y bebida a nuestros enemigos; devolver bien por mal siempre. A estos puntos deseamos añadir algunos otros.

La Biblia nos manda que no entremos en pleitos con nadie, sino que suframos el agravio. Y muchas veces esto significa dar más de lo que se nos exige. (Véase 1 Corintios 6.7; Mateo 5.40–41.) Para ser realmente no resistentes nosotros tenemos que evitar no sólo toda participación en la guerra, sino también en la fabricación de armamentos y toda participación en los asuntos políticos de nuestras naciones. Votar en las elecciones políticas nos hace parte del gobierno. Dios estableció el gobierno para hacer uso de la espada. (Véase Romanos 13.1–5.) Pero a los cristianos nos manda a guardarla en su lugar porque no somos de este mundo. (Véase Mateo 27.52; Juan 18.36.)

Una forma más de violar la doctrina de la no resistencia es hacernos socios de sindicatos, de sociedades secretas y de otras organizaciones que hacen uso de la fuerza para lograr sus fines. No importa que nosotros mismos no usemos la fuerza, cuando nos hacemos socios de estas instituciones entonces estamos apoyando a los que lo hacen y participamos en sus pecados.

6.  Basada en el amor al prójimo

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5.43–44).

¿Cómo podemos hacer mal, maldecir, pelear o aun matar a quien amamos? Eso es imposible. Estas cosas provienen del odio. La Biblia dice: “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13.10). La no resistencia es la expresión natural del segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22.39).

Preguntas

1.  ¿Quién fue el primero que nos enseñó la doctrina de la no resistencia?

2.  Ofrezca algunos ejemplos de personas del Nuevo Testamento que practicaron la no resistencia.

3.  ¿Qué enseña el Nuevo Testamento acerca de los litigios personales y en cuanto a acudir a la ley?

4.  ¿Qué enseña acerca de participar en la guerra?

5.  ¿Acaso estas enseñanzas son diferentes de las del Antiguo Testamento?

6.  ¿Quién las cambió?

7.  Facilite algunas aplicaciones prácticas de la no resistencia.

8.  ¿Por qué la no resistencia es el resultado de nuestro amor?

C.  La separación del mundo

1.  Los dos reinos

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo (Juan 17.14–16).

Con estos versículos Jesús nos da a entender que hay dos reinos que son muy distintos el uno del otro. Uno es el mundo, el reino de las tinieblas espirituales. El otro es el reino de la luz. Todos pertenecemos a uno o al otro.

Satanás es el príncipe o el dios de este mundo. (Véase 2 Corintios 4.4.) Para entender las características de su reino, busque y lea Efesios 2.2–3; 1 Pedro 4.3; y 1 Juan 2.16–17. Las escrituras varias veces nos ofrecen una lista de cosas que son del reino del diablo. Algunas de ellas son: incredulidad, desobediencia, avaricia, envidia, asesinato, inmoralidad, lujuria, orgullo, mentira, profanación, robo, chismes, pleitos y hechicerías.

Dios es el Príncipe del reino de luz y de justicia. Satanás trata de destruir la obra y el reino de Dios. Él se esfuerza por destruir las almas de los hombres. Él es el enemigo de Dios y de todo lo bueno.

2.  El llamamiento a la separación

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré (2 Corintios 6.16–17).

Sabemos quién es el dios de este siglo y sabemos cuán grande es su enemistad contra Dios. Por eso, no debemos extrañarnos de que Dios nos llame a separarnos del mundo y no tocar ninguna cosa inmunda. Él nos exhorta a separarnos de los deseos carnales y vivir en justicia y santidad. (Véase Efesios 4.22–24.) Esto sólo podemos lograrlo al experimentar una transformación interna y recibir un corazón nuevo. (Véase Romanos 12.2.) Esta es la obra de Dios en la conversión. A partir de ese momento es nuestra responsabilidad llevar a cabo la separación del mundo en todos los puntos prácticos de la vida.

3.  El no amar al mundo

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1 Juan 2.15).

Podemos separarnos fácilmente del mundo si cumplimos este versículo. Al amar a Dios nos convertimos en enemigos del mundo, y al amar al mundo nos convertimos en enemigos de Dios. (Véase Juan 15.18–19; Santiago 4.4.) ¿Acaso puede haber acuerdo alguno entre Cristo y Satanás? ¡En ninguna manera! (Véase 2 Corintios 6.14–16.) Por eso, Jesucristo afirmó que no podemos servir a dos señores. (Véase Mateo 6.24.)

4.  El no conformarnos al mundo

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12.2).

Conformarnos al mundo significa seguir las maneras y modas del mundo y estar en armonía con las costumbres del mundo. El hecho de rehusar todo esto es a lo que llamamos la disconformidad al mundo.

La disconformidad al mundo incluye muchas cosas, pero queremos llamar la atención especialmente sobre nuestra manera de vestir. Los mundanos usan el vestuario para adornar, lucir y exhibir el cuerpo. Tales cosas provienen del orgullo y de los deseos carnales. Muy al contrario, la manera de vestirse del cristiano demuestra la humildad y la santidad. Por eso, confeccionamos nuestra ropa de acuerdo con la modestia, la decencia, la utilidad, la simplicidad, y conforme a las enseñanzas de la Biblia. (Véase 1 Timoteo 2.9–10; y 1 Pedro 3.3–4.) Estos mismos versículos prohíben el uso de las joyas, porque son adornos y provienen del orgullo. Estos versículos también hablan en contra de los estilos y las formas ostentosas de peinarse, porque éstos también demuestran el espíritu mundano.

Dios ha dado a la iglesia la responsabilidad de diseñar para sus miembros una forma de vestirse de acuerdo con las enseñanzas bíblicas. Esta forma está prescrita en los reglamentos de la iglesia, y usted debe conocerlos y conformarse de buena voluntad. Creemos que ésta es la única manera de evitar que los miembros de la iglesia sigan las modas corrompidas del mundo.

5.  Otras aplicaciones de la separación

Existe un sinnúmero de áreas en las cuales nos separamos del mundo. Al pertenecer al reino de Dios ya no seguimos las costumbres del mundo en sus fiestas y diversiones. No participamos en los deportes. No nos unimos con los mundanos en asociaciones de comercio, en sindicatos de obreros, en partidos políticos, en los clubes y las sociedades secretas, en matrimonio ni en cualquier otra manera porque las mismas nos conducirán a la ruina espiritual. Los seguros, especialmente los seguros de vida, destruyen la fe en Dios, además de unirnos con los incrédulos. Asimismo, participar en el sistema de escuelas públicas pervierte a nuestros hijos y muestra nuestro acuerdo con los mundanos. Estas cosas, y muchas más, las debemos evitar para separarnos del mundo y de sus malas influencias.

“Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5.4).

Preguntas

1.  ¿Cómo podemos separarnos del mundo aun viviendo en el mundo?

2.  ¿Por qué es imposible pertenecer a los dos reinos al mismo tiempo?

3.  Mencione y escriba algunas características principales del mundo.

4.  Si amamos al mundo, ¿qué sucede en nuestra relación con Dios?

5.  ¿Qué significa la frase, “no os conforméis al mundo”?

6.  ¿Qué principios bíblicos rigen nuestra manera de vestir?

7.  ¿Qué nos enseña la Biblia sobre el uso de las joyas?

8.  Haga una lista de otras costumbres del mundo de las cuales nos separamos.

D.  La mayordomía

1.  La base para la mayordomía

De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan (Salmo 24.1).

Dios es el dueño de todo porque él es el Creador de todo. (Véase Nehemías 9.6.) Él sostiene toda su creación con su mano poderosa. Además de crearnos a todos nosotros (Salmo 100.3), Dios también nos redimió al comprarnos por medio de la sangre de Jesús. (Véase 1 Corintios 6.19–20.) Al analizar cualquier punto de vista, él tiene derecho a nuestras vidas. Al convertirnos y hacernos cristianos nos entregamos a Dios al reconocer su señorío sobre nosotros y sobre todo lo nuestro. El hecho de que todo pertenece a Dios nos hace mayordomos, y no dueños, de todo lo que él nos da.

2.  El significado de la mayordomía

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido? (1 Corintios 4.7).

En toda la vida debemos tomar en cuenta que todo le pertenece a Dios y que no tenemos nada sino lo que hemos recibido de él. Si todo lo hemos recibido de él y si tendremos que dar cuentas a Dios por la manera en que usamos todas las cosas, entonces entendemos que realmente no son de nosotros, sino de él. Todo lo que está a nuestro alcance lo desarrollamos y lo usamos para aquel que nos lo dio. Esto es a lo que llamamos la mayordomía.

Jesús enseña la mayordomía en la parábola de los talentos en Mateo 25.14–30. Estudie estos versículos para entenderla mejor. Estos versículos dejan bien claro que todo lo que hacemos lo tenemos que hacer para su gloria. (Véase 1 Corintios 10.31.)

3.  La práctica de la mayordomía

Cuando Dios creó al hombre le encargó sojuzgar la tierra y señorear en ella. (Véase Génesis 1.28.) Eso quiere decir que lo convirtió en mayordomo de la naturaleza. Es por ello que debemos cuidar los bosques, los ríos, los terrenos, el aire y todos los recursos naturales que Dios nos da, no malgastándolos, sino usándolos en maneras provechosas.

También Dios nos ha hecho mayordomos de nuestro tiempo. Desperdiciar las horas es desperdiciar la vida. Según la Biblia, debemos usar nuestro tiempo para trabajar (Éxodo 20.9; 1 Tesalonicenses 4.11–12), para descansar lo necesario (por eso Dios hizo la noche) y para adorar a Dios, aprender de él y testificar de él. Pero ¿qué de los ratos libres? Para ser mayordomos fieles, tenemos que usar aun ésos en actividades que edifiquen y que sean para la gloria de Dios. “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90.12).

Todos nuestros recursos económicos pertenecen a Dios también. (Véase Hageo 2.8.) Malgastamos los dones de Dios si compramos cosas que para nada nos sirven, cosas que son para propósitos egoístas. (Véase Isaías 55.2.) Usamos correctamente el dinero si suplimos nuestras necesidades y las de la familia, si ofrendamos y si ayudamos a los necesitados. (Véase 1 Timoteo 5.8; 2 Corintios 9.7; Efesios 4.28.)

Los talentos y las habilidades que tenemos, las fuerzas y las energías, todo viene de Dios. ¿Acaso los usamos para él? ¡Seamos mayordomos fieles de todo lo que él nos da! “Ahora bien, se requiere de los administradores [mayordomos], que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4.2).

4.  La recompensa del mayordomo fiel

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más el fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? (Lucas 16.10–12).

Si cuidamos y administramos fielmente las cosas materiales y naturales, Dios nos dará riquezas verdaderas, o sea, riquezas espirituales. ¡Qué recompensa más grande! En verdad la bendición del Señor enriquece. (Véase Proverbios 10.22.)

Al fin de esta vida, cuando en la resurrección Dios nos llame a dar cuentas, ¿qué recompensa recibiremos? Benditas palabras son las del Señor: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25.21). ¿Quién puede valorar esta recompensa eterna? No obstante, debemos saber también que habrá un gran castigo para aquellos que no son fieles. (Véase Mateo 25.24–30.)

Preguntas

1.  Explique por qué Dios es el dueño de todo.

2.  ¿Qué significa ser un mayordomo de todo lo que poseemos?

3.  ¿Cómo cuida los recursos naturales el buen mayordomo?

4.  ¿En qué maneras debemos usar nuestro tiempo?

5.  Haga una lista de algunos de los malos usos de nuestro dinero.

6.  ¿Por qué debemos ser mayordomos fieles?

E.  El discipulado

1.  El discípulo aprende del Maestro

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mateo 11.29–30).

El significado histórico de la palabra discípulo es “alumno”. El discípulo cristiano es aquel que aprende del gran Maestro. Cuando Jesús llamó a los primeros discípulos: “Venid en pos de mí”, ellos lo dejaron todo para seguirlo. Anduvieron con él, escucharon sus enseñanzas y se gozaron en su presencia día tras día. Pero también tuvieron que recibir sus correcciones y reprensiones porque ésta es otra parte del discipulado. No podemos ser sus discípulos aparte de la disciplina. El discípulo se disciplina a sí mismo para buscar sólo la voluntad del Maestro. El mismo aborrece todo lo que el Maestro aborrece. Se deleita en agradar al Maestro.

2.  El discípulo se niega a sí mismo y lleva su cruz

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará (Lucas 9.23–24). Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas 14.27).

Ya que nuestra voluntad carnal se opone tanto a la de nuestro Maestro, la vida del discípulo cristiano implica una absoluta abnegación. “Niéguese a sí mismo” es el mandato del Señor. Comenzamos la vida cristiana cuando rendimos nuestra voluntad a Dios y nos sujetamos a la voluntad suya. Seguimos en la vida con Cristo precisamente en la misma manera. No hay otro camino sino el de la cruz.

La cruz es un instrumento de muerte. Tomarla y llevarla cada día no puede significar otra cosa que morir cada día a los deseos carnales, las ambiciones egoístas y las vanaglorias del mundo. ¿Morir? Sí, morir con Jesús (en un sentido real aunque espiritual) para que también resucitemos con él a una vida nueva. (Véase Romanos 6.5–8.) Eso es lo que aprendemos de nuestro Maestro. Eso es seguir en pos de él. Esa es la vida del discípulo. Esta vida nueva brota de la muerte de la vida vieja. (Véase Juan 12.24–25.) El discípulo vive su vida en completa identificación con su Maestro, de modo que su vida ya no es la suya, sino la vida de Cristo en él. (Véase Gálatas 2.20.)

3.  El discípulo halla su lugar en la iglesia

Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. (…) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Corintios 12.18, 27).

El cuerpo de Cristo es la iglesia. La unión e identificación vital del creyente con Cristo puede realizarse solamente dentro de la iglesia. Dios coloca a cada cristiano en la iglesia, o sea, en una congregación de creyentes verdaderos. Entonces el discípulo tiene que hallar su lugar en la iglesia.

Esta serie de estudios la hemos diseñado a fin de ayudarle a saber la verdad y de prepararle para ocupar su lugar en la iglesia. No tarde usted en dar ese paso serio, pero bendito, de hacerse miembro de la iglesia. Haga todos los cambios en su vida que sean necesarios. Pida consejos de sus pastores en cualquier problema o duda que tenga. Reciba el santo bautismo. Y luego, siga en la iglesia, sujetándose de buena voluntad a los santos consejos de la hermandad y a los reglamentos de la iglesia. Dios lo bendecirá y lo guardará.

4.  El discípulo recibirá una corona eterna

Deseamos animarlo a usted con unos versículos sobre la venida de Cristo y la recompensa eterna. Primero, notemos el testimonio del apóstol Pablo cuando se acercaba al fin de su vida:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida (2 Timoteo 4.7–8).

Su afirmación de que Dios tiene guardada una corona para todos aquellos que aman la venida de Jesús nos alienta y nos recuerda que Dios no hace acepción de personas.

Los siguientes versículos nos enseñan que Dios extiende su gracia a todos, pero sólo los que viven en santidad estarán preparados cuando Jesús venga.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tito 2.11–14).

En 1 Tesalonicenses 4.16–17 se nos explica qué nos sucederá cuando Cristo venga:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Citamos de 1 Corintios 15.50–53 para destacar la transformación de nuestros cuerpos mortales. Estemos muertos o vivos, “a la final trompeta (…) es necesario que (…) esto mortal se vista de inmortalidad”.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y este mortal se vista de inmortalidad.

El apóstol Juan, en su visión de la ciudad celestial, la describe con palabras que sobrepasan nuestro entendimiento:

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. (…) No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. (…) No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos (Apocalipsis 21.23–24, 27; 22.5).

Cobre ánimo a partir de estas palabras de consuelo:

No temas en nada lo que vas a padecer. (…) Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. (…) El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte (Apocalipsis 2.10–11). Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15.58).

Preguntas

1.  ¿Qué significa la palabra discípulo?

2.  ¿Qué quiere decir la palabra discipulado?

3.  ¿En qué formas nos negamos a nosotros mismos como discípulos del Señor?

4.  ¿Qué le significa al discípulo tomar su cruz?

5.  ¿Por qué es importante que el discípulo halle su lugar en la iglesia?

6.  ¿Cuál será el galardón del discípulo fiel?

F.  El juicio y el fin del mundo

1.  Dios nos juzgará según nuestras obras

[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia (Romanos 2.6–8). Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Corintios 5.10).

Vimos en la primera parte de este libro que Dios nos regala la salvación. ¡Es gratis! En verdad, no existe ni una sola obra buena que podamos hacer para comprar la salvación. (Véase Tito 3.5.) Sin embargo, la Biblia dice que seremos juzgados según nuestras obras. La misma no dice en ningún lugar que seremos juzgados según nuestra fe. ¿Cómo concuerdan estas verdades?

Esto no es una contradicción. Supongamos que tenemos un vehículo que funciona muy bien. No decimos que ese vehículo se fabricó bien por haber funcionado como debía. Pero es cierto que la prueba de cuán eficiente es el mismo consiste en la calidad del servicio que brinda. Asimismo sucede con nosotros. Fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2.10). Somos salvos por medio de la fe, pero se nos pone a prueba (juzga) por nuestras obras. Queda bien claro que la fe sin obras es muerta (Santiago 2.17), y una fe muerta no vale nada hoy ni en el día del juicio.

Dios puede ver nuestros corazones. Él no tendría que ver nuestras obras para saber cómo juzgarnos. Pero nosotros, al observar las obras que salen de nuestras vidas, podemos demostrar que somos verdaderos hijos de Dios. De ahí que es por nuestro bien que Dios nos ha dicho cómo nos juzgará.

2.  El juicio de Dios es seguro

Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí (Romanos 14.10–12).

Ya que muchos hoy en día no creen en la verdad de la creación entonces resulta lógico que no crean tampoco en el juicio que se avecina.

La Biblia enseña que el mismo Dios que creó todo el mundo lo destruirá un día y juzgará a todos. Quizá Satanás nos haría creer que ya que somos librados de nuestros pecados no habrá ningún juicio para nosotros.

Pero, ¿acaso será así?

Damos gracias a Dios que por medio del arrepentimiento nosotros no tendremos que enfrentar nuestros pecados en el día del juicio, porque Dios los quita cuando nos arrepentimos. (Véase 1 Timoteo 5.24.) No obstante, en aquel día toda persona tendrá que comparecer ante el tribunal de Cristo para que sea manifiesto a todo el universo quiénes son los redimidos y quiénes no lo son.

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6.7).

3.  El destino de los malos

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. (…) Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (…) Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apocalipsis 20.12, 15; 21.8).

Realmente resulta un tanto negativo pensar acerca de versículos como los anteriores. Pero, ¿acaso no debemos estar agradecidos que Dios nos ha avisado de antemano qué pasará con los que continúan en el pecado? Hace muchos años que Salomón escribió que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16.25). Al pensar en el infierno, nos damos cuenta de la verdad de este versículo.

Nuestra naturaleza humana es corrompida. (Véase Romanos 3.10.) Nosotros nos hemos ganado el pago de la muerte eterna. Pero Dios nos ha lavado y nos haregalado lo que nos era imposible ganar: vida eterna. (Véase Romanos 6.23.) ¡Gloria a Dios!

4.  El destino de los justos

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14.2–3). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4.16–17).

El propósito de este estudio es para ayudarnos a prepararnos para la vida eterna. Por esa razón nos hacemos parte de la iglesia, oramos, servimos al Señor y hacemos muchas otras cosas. Si no fuera por la esperanza de la vida eterna, diríamos: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Corintios 15.32).

¡Aleluya! Él nos ha prometido un reposo eterno si seguimos fielmente.

“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado” (Hebreos 4.1).

Preguntas

1.  ¿Según qué cosas seremos juzgados?

2.  ¿Serán juzgados o condenados los redimidos?

3.  ¿Cuál es el destino que merecemos?

4.  ¿Qué nos promete Dios si le servimos fielmente?

Nuevo Creyente: La Relación con la Iglesia

Esta entrada es parte número 2 de 2 en la serie Nuevos Creyentes

Las ordenanzas de la iglesia

En este capítulo vamos a estudiar acerca de siete ordenanzas de la iglesia cristiana. La palabra ordenanza puede significar cualquier mandato o reglamento, pero en este capítulo la usaremos en un sentido más definido. Nosotros definiremos a la palabra ordenanza de la siguiente manera: “Una ordenanza es una ceremonia establecida por Dios que tiene un significado espiritual”. De manera que en estos estudios nosotros estaremos tratando temas que se refieren a algunas de las formas exteriores del culto que simbolizan verdades espirituales de la vida cristiana.

Dios estableció estas siete ordenanzas para la iglesia cristiana a manera de hacernos recordar los grandes principios que rigen a la vida cristiana. Las mismas nos ayudan a mantener nuestra experiencia cristiana siguiendo los preceptos de Dios. Además, todas estas ordenanzas ayudan a la iglesia a guardarse pura y santa conforme al plan del Señor para la misma.

Por otra parte, las ordenanzas ayudan a cada nuevo convertido a meditar más en cuanto a su necesidad de la iglesia. Por ejemplo, el nuevo convertido se da cuenta de que él no puede bautizarse solo así como tampoco puede practicar la santa cena, el ósculo santo y el lavatorio de pies sin la compañía de la hermandad de cristianos. Nosotros necesitamos unirnos a una congregación cristiana para poder cumplir con estos mandamientos del Señor. ¡Jamás debemos pensar que podemos ser fieles en la vida cristiana sin cumplir con las ordenanzas de Dios para su iglesia! Dios nunca nos va a ordenar algo que no tenemos que cumplir. Él exige de nosotros una obediencia total.

Nosotros vamos a estudiar estas ordenanzas en el siguiente orden:

A.  El bautismo

B.  La santa cena del Señor

C.  El lavatorio de pies

D.  El velo de las mujeres cristianas

E.  El ósculo santo

F.  La unción con aceite

G.  El matrimonio santo

A.  El bautismo

1.  Ejemplos bíblicos del bautismo

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia (Lucas 3.21–22).

Ya que el bautismo no fue practicado en el Antiguo Testamento entonces nos dirigimos al Nuevo Testamento para entender el origen, el significado y la manera de practicar esta ordenanza. El bautismo con agua se menciona por primera vez en conexión con Juan el Bautista. (Véase Mateo 3.1–6.) Jesús mismo fue bautizado por Juan, no porque necesitaba arrepentirse de algún pecado, sino como ejemplo para nosotros. En la iglesia apostólica los nuevos creyentes recibieron el bautismo como podemos apreciar en las siguientes citas bíblicas del libro de Hechos: 2.37–41; 8.36–39; 9.18; y 16.33.

2.  Los motivos para ser bautizado

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28.19).

Cuando nosotros nos convertimos en cristianos debemos desear seguir el ejemplo de Jesús y de los primeros cristianos en cuanto al bautismo. Además, Jesús mandó a los apóstoles que bautizaran a los nuevos discípulos que creyeran en él. Por tanto, creemos que el bautismo es un paso esencial en la vida del recién convertido y es también un acto de obediencia que no se puede dejar de cumplir. La Biblia se refiere al bautismo como “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios” (1 Pedro 3.21). Es por eso que la misma enfatiza una y otra vez el hecho que el cristiano no puede desobedecer lo mandado por Dios y aún mantener una buena conciencia delante de Dios.

3.  Las condiciones para recibir el bautismo

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios (Hechos 8.37).

En estos versículos nosotros notamos que el que quiere ser bautizado primero debe arrepentirse y creer en el Señor. Los niños no necesitan el bautismo porque no pueden cumplir estas condiciones y porque ya son del reino de Dios. (Véase Mateo 19.14.) Sin embargo, los incrédulos no deben ser bautizados porque no han cumplido con las condiciones antes mencionadas. (Véase Mateo 3.7–8.) Ahora bien, los que han nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo y han dado prueba de una vida nueva en Cristo Jesús, sí deben ser bautizados conforme a lo que se nos enseña en las escrituras.

4.  El significado del bautismo

Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús (Hechos 10.47–48).

Al ver Pedro que Cornelio había sido bautizado por el Espíritu Santo (Hechos 11.15–16) no le quedó otra opción que bautizarlo con agua. De ahí podemos entender que el bautismo con agua es un símbolo del bautismo con el Espíritu Santo. La Biblia afirma que el bautismo con el Espíritu Santo es el acto que nos hace miembros del cuerpo universal de Cristo. (Véase 1 Corintios 12.13.) Esto ocurre en el momento de la conversión. Por esa razón entendemos que el bautismo con agua debe realizarse después de haber visto las señales del bautismo del Espíritu Santo en la vida de la persona.

Las personas que son bautizadas confiesan públicamente que Dios, por medio de la sangre de Jesús, las ha lavado de sus pecados y que tienen la conciencia limpia delante de Dios y los hombres. Si el candidato para el bautismo no tiene en su vida las señales de haber sido bautizado por el Espíritu Santo así como tampoco se aprecia que el mismo tiene un corazón limpio entonces el bautismo con agua no tendrá ningún valor para esa persona. Por otra parte, creemos que el bautismo es un acto externo que nos identifica con Cristo; el creyente manifiesta a todo el mundo que ya pertenece a Cristo.

Preguntas

1.  ¿Por qué es necesario el bautismo?

2.  ¿Cuáles condiciones uno debe cumplir antes de ser bautizado?

3.  ¿Puede alguien seguir en la vida cristiana si rehúsa el bautismo con agua?

4.  ¿Qué significa el bautismo con agua?

5.  ¿Cómo son lavados nuestros pecados?

B.  La santa cena del Señor

1.  ¿Cómo fue instituida?

Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Lucas 22.19–20).

La noche antes de la crucifixión de Jesús, él y sus discípulos se reunieron en Jerusalén para celebrar la pascua. El pueblo de Israel observaba esta fiesta una vez al año para conmemorar la noche en que Dios los libertó de su esclavitud en Egipto.

Al final de esta fiesta Jesús instituyó la santa cena, la cual también observamos nosotros para conmemorar los sufrimientos y la muerte del Señor por librarnos de la esclavitud del pecado y de Satanás.

2.  ¿Por qué la observamos?

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga (1 Corintios 11.23–26).

Nosotros observamos la santa cena porque Jesús mandó a que lo hiciéramos. El Señor dijo: “Haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11.24). Creemos que cuando él nos ordenó que practicáramos tal ordenanza sin duda tuvo ciertos propósitos bien definidos. En primer lugar, Jesús deseaba que recordáramos su muerte por nosotros. Entendemos que el pan no se convierte en el cuerpo de Cristo ni el vino (jugo de uva) en su sangre; simbolizan su cuerpo y su sangre. De la misma manera que los granos de trigo tienen que molerse para hacer el pan, así el cuerpo de Cristo tuvo que ser quebrantado para que llegara a ser el pan espiritual del mundo. De igual modo, las uvas tienen que ser exprimidas para sacarles el jugo. Esto simboliza la manera en que Jesús derramó su sangre para dar su vida por el mundo.

Además, el servicio de la santa cena no sólo nos hace recordar acerca de la muerte de Jesús, sino también nos hace pensar en su segunda venida. Es por eso que la Biblia dice que así anunciamos su muerte “hasta que él venga” (1 Corintios 11.26). ¡Qué grandes bendiciones nos trae la participación en esta ordenanza! En verdad estos símbolos son el pan y la copa de bendición. (Véase 1 Corintios 10.16.)

3.  ¿Qué significa?

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él (Juan 6.54–56).

Dios instituyó la santa cena no sólo para que pensáramos en la muerte de Jesús (pasado) y en su segunda venida (futuro); la santa cena significa algo más para nuestras vidas. Esto tiene mucho que ver con nuestra vida presente. Comer y beber estos emblemas nos enseña que Jesús es nuestra comida y bebida espiritual. Esto quiere decir que de él solamente es que nosotros recibimos vida. Jesús nos dio esta vida al morir en la cruz. Es por eso que nosotros recibimos esa vida sólo cuando morimos con él (esto es, morimos a nuestros deseos pecaminosos y nuestra voluntad carnal) para que también resucitemos con él a una vida nueva. Entonces la santa cena es un símbolo de nuestra unión con Jesucristo en su muerte y en su resurrección.

Dios nos enseña otro símbolo muy preciado para nuestras vidas en 1 Corintios 10.16–17. Aquí entendemos que la santa cena simboliza algo más todavía. Por ejemplo, se necesitan muchos granos de trigo para hacer un pan. Así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, la iglesia de Cristo. De esa manera la santa cena nos recuerda también la unidad de la iglesia.

4.  ¿Qué condiciones tenemos que cumplir antes de participar?

Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa (1 Corintios 11.28).

Ya que la santa cena simboliza nuestra unión con Cristo en su muerte y en su resurrección, creemos que nadie debe participar en la misma a menos que haya experimentado una verdadera conversión y esté viviendo en sumisión a la voluntad de Dios. Si nosotros comiéramos o bebiéramos en el servicio de la santa cena sin tener esta unión tan vital con él entonces sería como si nos burláramos del Señor. (Véase 1 Corintios 11.27.) Tampoco sería correcto participar en este servicio si uno estuviera viviendo en rebelión contra la iglesia, porque la santa cena simboliza la unidad de la iglesia. Por ello, la Biblia nos instruye a examinar nuestra vida antes de participar en la santa cena. ¿Acaso estamos a bien con Dios en nuestra relación con él? ¿Estamos en paz con todos los hombres? (Véase Romanos 12.18.)

5.  ¿Qué resulta si participamos indignamente?

De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. (…) Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí (1 Corintios 11.27, 29).

Ya hemos visto las condiciones que debemos cumplir antes de participar en la santa cena. Ahora en estos versículos citados nos damos cuenta de la condición terrible de aquellos que participan en la santa cena sin cumplir con las mismas. ¿Culpado de la muerte del Señor? ¿Comer y beber juicio para sí? ¡Qué nunca nos suceda esto! A fin de tratar de evitar estas cosas nosotros acostumbramos a tener un servicio especial de examen personal antes de la santa cena. Después de examinarse, cada uno da testimonio de que tiene su vida preparada en santidad para participar en la cena del Señor.

Creemos que es bíblico practicar una cena “limitada”. Esto quiere decir que sólo los que están en armonía con la sana doctrina del Señor pueden participar en este servicio. Lo hacemos así no porque juzgamos a otros, sino porque no queremos juzgarlos. Nosotros no tenemos autoridad sobre ellos, sino solamente Dios. Además, sólo así podremos mantener la santidad en la mesa del Señor.

Preguntas

1.  ¿Quién instituyó la santa cena?

2.  ¿Qué simboliza el pan y qué simboliza la copa en la santa cena?

3.  ¿Qué significa la santa cena en nuestra experiencia actual?

4.  ¿Qué nos enseña la santa cena acerca de la iglesia?

5.  ¿Por qué cada hermano de la iglesia debe examinarse antes de participar en la santa cena?

6.  ¿Cuáles son los resultados de participar indignamente en la santa cena del Señor?

7.  ¿Por qué debemos practicar una santa cena “limitada”?

C.  El lavatorio de los pies

1.  ¿Cómo fue instituido?

Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido (Juan 13.4–5).

La misma noche en que Jesús instituyó la santa cena, él también instituyó la ordenanza del lavatorio de los pies. Cuando Jesús comenzó a lavar los pies de sus discípulos, ellos no lo entendieron. No era una costumbre lavarse los pies durante la cena pascual ni mucho menos que fuera el maestro quien lavara los pies de sus discípulos. Pedro protestó para que Jesús no le lavara los pies, pero Jesús le explicó que era necesario porque tenía un significado simbólico.

2.  ¿Qué significa?

Jesús le dijo: El que esta lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. (…) Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. (…) De cierto de cierto os dogo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió (Juan 13.10, 14, 16).

Jesús le dio a entender a Pedro que esta ordenanza simboliza la limpieza del corazón. Jesús le dijo: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan13.8). Esto quiere decir que si nosotros no somos lavados de nuestros pecados por medio de la sangre de Jesucristo entonces nunca podremos tener ninguna parte con él.

Esta ordenanza también simboliza nuestra buena voluntad de servirnos los unos a los otros. Por supuesto, este acto de servicio humilde nos recuerda nuestro privilegio de sobrellevar los unos las cargas de los otros. (Véase Gálatas 6.2.) Asimismo nos enseña que debemos ayudarnos unos a otros a mantener nuestro andar limpio delante de Dios.

Quizá la lección más importante para nosotros en esta ordenanza bíblica es la de la humildad e igualdad cristiana. En esta misma cena y estando todos sentados junto al Señor, los discípulos habían disputado quién de ellos sería el más grande. Entonces el Señor Jesús, quien es el más grande de todos, les enseñó por medio de este ejemplo que cada uno de ellos debía tomar el lugar de siervos. De igual modo nosotros hoy día, cuando nos lavamos los pies los unos a otros, recordamos que no debemos buscar hacernos grandes, sino siervos. Pues en la iglesia todos somos iguales. Nadie es mayor que otro.

3.  ¿Por qué lo practicamos?

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. (…) Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis (Juan 13.15, 17).

Practicamos esta ordenanza porque nos enseña muchas cosas muy importantes que también estudiamos en el punto anterior. Además, para nosotros es muy claro que Jesús no nos dio este ejemplo en vano. Él nos dio este ejemplo para que hagamos como él hizo. En el versículo 14, Jesús dijo: “Debéis lavaros los pies los unos a los otros”. Aun un niño puede entender estas palabras.

En la iglesia apostólica los cristianos practicaron el lavatorio de los pies. (Véase 1 Timoteo 5.10.) Además, Jesús nos promete una bendición si lo hacemos: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si has hiciereis”.

Preguntas

1.  ¿Cuándo instituyó Jesús la ordenanza del lavatorio de los pies?

2.  ¿Cómo sabemos que la misma es una ordenanza también para nosotros?

3.  ¿Qué nos enseña esta ordenanza bíblica?

4.  ¿Cómo sabemos que Jesús quiso que sus seguidores practicaran el lavatorio de los pies?

5.  ¿Qué promete Cristo a los que obedecen este mandamiento?

6.  ¿Cómo sabemos que la iglesia apostólica practicó esta ordenanza?

D.  El velo de las mujeres cristianas

1.  La base bíblica

Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra (1 Corintios 11.4–6).

Creemos que en este pasaje bíblico de 1 Corintios 11.1–16 se encuentra la base fundamental para esta ordenanza. De ahí entendemos que esta ordenanza es un mandamiento del Señor y no un mandamiento de hombres.

A continuación vamos a notar algunos puntos con relación a los versículos citados.

Al referirse al cubrimiento de la cabeza, la Biblia no sugiere un sombrero o algo parecido, sino un cubrimiento que tiene un significado espiritual. En otras palabras, los hombres no deben cubrirse la cabeza porque eso sería una vergüenza y una deshonra para el Señor. Pero las mujeres sí deben cubrirse la cabeza, porque de otra manera ellas traerían vergüenza y deshonra tanto para el hombre como para Dios.

2.  Un velo (cubrimiento) artificial

Algunos enseñan que el velo no es nada más que el cabello de la mujer. No obstante, en el versículo 6 se habla claramente de dos cosas distintas: “Porque si la mujer no se cubre [con velo artificial], que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello [su cubrimiento natural] (…) que se cubra [con un velo artificial]”. Si este velo al cual se refiere la Biblia fuera el cabello de la mujer, ¿acaso se podría decir: “Si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello”? Al decir: “no se cubre”, se entendería que la misma no tendría cabello. ¿Cómo, pues, pudiera cortarlo? El único modo de entender este pasaje bíblico es reconocer que aquí se está hablando de un velo artificial que tiene un significado espiritual.

3.  El cabello largo, un cubrimiento natural

Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿No os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello (1 Corintios 11.13–15).

¿Qué del versículo 15? ¿Acaso no dice que el cabello es el velo? En primer lugar, nosotros debemos concordar en que el versículo 15 no contradice lo que dice el versículo 6 que habla acerca del velo artificial. La Biblia nunca se contradice. Resulta más fácil entender lo que significa el versículo 15 si entendemos que Dios lo escribió empleando una palabra distinta de la del versículo 6. En el versículo 6, Dios usó la palabra griega katakaluptomai; en el versículo 15, peribolaion. La primera se refiere al velo artificial de significado espiritual; la segunda, al cubrimiento natural, el cabello de la mujer. Además, el cubrimiento natural (que es el cabello largo de la mujer) es un velo (no dice el velo) dado a todas las mujeres. Este velo natural simboliza el velo artificial de las mujeres que desean obedecer a la palabra de Dios, pero no toma el lugar de este último. Por tanto, creemos que las mujeres ciertamente deben llevar dos cubrimientos: el cabello largo (sin cortarse) y el velo ordenado por Dios en forma de mandamiento: “Que se cubra” (1 Corintios 11.6).

El cabello largo de la mujer le es una honra a ella; cortarlo le trae deshonra. Pero a la vez, Dios no quiere que la mujer luzca su cabello para la gloria de sí misma, sino que se cubra su cabeza de manera que ella no le quite la gloria al hombre.

4.  Simboliza la sumisión

Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. (…) Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles (1 Corintios 11.3, 7–10).

Al leer estos versículos cuidadosamente nosotros podemos encontrar el propósito de esta ordenanza bíblica. Es decir, el propósito fundamental de lo que el velo simboliza. Toda mujer que cubre su cabeza con un cubrimiento de carácter espiritual da a entender que ella está en sumisión a las autoridades que Dios ha puesto sobre la misma. En el versículo 3 se explica el orden de autoridad dado por Dios. En primer lugar, Dios sobre todas las cosas; después, Cristo en sumisión voluntaria a Dios; después el hombre y finalmente la mujer. La mujer debe sujetarse al hombre así como Cristo se sujeta a Dios. Esto no es porque Dios la ha hecho a ella de menos valor o menos inteligente, sino porque Dios fijó este orden divino desde la creación. Precisamente es por eso que “la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza”. En este caso ese cubrimiento se refiere a un velo que es completamente visible a la vista humana y angelical. Los ángeles reconocen este velo de la mujer como una señal de piedad y pureza. Es por eso que las mujeres que lo llevan son dignas de su protección.

Dios estableció esta ordenanza bíblica en cuanto al cubrimiento de la mujer para recordarles a las mujeres su posición de sujeción ante Dios y los hombres. En el caso que ellas se rebelen, rechazando su lugar de sumisión, deshonran a su cabeza, o sea, a las autoridades que han sido puestas sobre ellas. Para una mujer rehusar llevar un velo sobre la cabeza es un acto de rebelión. Toda mujer que desea obedecer a Dios deseará cubrirse su cabeza y también guardar su vida en armonía con lo que simboliza tal cubrimiento.

5.  La costumbre de todas las iglesias

Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios (1 Corintios 11.16).

Todas las iglesias apostólicas practicaban esta ordenanza. Hasta hace unos pocos siglos muchas iglesias todavía practicaban la misma. ¿Por qué existen muy pocas congregaciones que en la actualidad practican este mandamiento de Dios? ¿Acaso ha cambiado la palabra de Dios? ¡En ninguna manera! El apóstol Pablo escribió parte de los mandamientos del Señor para la iglesia del Nuevo Testamento (1 Corintios 14.37), y no solamente para los corintios ni sólo para los cristianos del primer siglo, sino también para nosotros en la actualidad (1 Corintios 1.2).

Es por eso que nosotros entendemos que ya que el velo simboliza la posición de sumisión de la mujer (que nunca cambia), ya que el mismo debe llevarse puesto para orar y profetizar (que se hace en cualquier tiempo) y ya que el velo toma ejemplo del cabello (que no debe quitarse) entonces creemos que la mujer que desea obedecer a Dios debe llevar puesto un velo adecuado en todo momento.

Por otra parte, nosotros entendemos que debido a que la Biblia no fija exactamente la forma del velo, entonces creemos que la iglesia debe decidir en cuanto al material, el color y el modelo que cumple mejor el propósito del mismo.

Preguntas

1.  ¿Dónde encontramos el fundamento de la ordenanza del velo de las mujeres?

2.  ¿Qué significado espiritual tiene el velo?

3.  ¿Por qué, cree usted, que el cabello no es el cubrimiento espiritual?

4.  ¿Cómo deben tener el cabello las mujeres que desean obedecer a Dios? ¿Cómo deben tenerlo los hombres?

5.  ¿Cómo sabemos que este mandamiento debe ser practicado por la iglesia de hoy?

6.  ¿Cuándo las mujeres deben llevar el velo como un cubrimiento? ¿Por qué?

7.  ¿Quiénes deben decidir en cuanto al material, el color y el modelo del velo?

E.  El ósculo santo

1.  Tiene una amplia base bíblica

Saludaos los unos a los otros con ósculo santo (Romanos 16.16). Saludaos los unos a los otros con ósculo santo (1 Corintios 16.20).

La Biblia hace mención de  diferentes saludos. Algunos de estos saludos describen las costumbres más corrientes entre la gente de aquel tiempo. Existieron algunos saludos que variaban según el lugar y el período de la historia. Sin embargo, la Biblia establece un saludo para todos los cristianos en todas las épocas: el ósculo (o beso) santo practicado entre la hermandad. Al estudiar los versículos citados arriba nos damos cuenta que los mismos están dados en forma de un mandamiento que no debe ser confundido por medio del saludo común que practican las personas.

2.  Es un saludo de amor

Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén (1 Pedro 5.14).

Nosotros clasificamos el ósculo santo como una ordenanza de la iglesia porque simboliza lo que está en cada corazón cristiano: el amor ferviente por todos los hermanos. En la vida familiar el beso es una expresión de amor de la misma manera que lo es en la familia de Dios. El beso santo une los corazones de los creyentes verdaderos en un amor y en un compañerismo santo. Dios sabía de acuerdo a su consejo infinito que la práctica consecuente de esta ordenanza vivificaría el amor cristiano en su iglesia. No obstante, ¿quién se atrevería a decir que no necesitamos el amor que nace de un corazón santo?

3.  Es un saludo santo

Saludaos unos a otros con ósculo santo (2 Corintios 13.12).

Este saludo cristiano debe demostrar y describir la santidad que debe estar en el corazón del creyente. Por tanto, nosotros practicamos este saludo santo los hermanos con los hermanos y las hermanas con las hermanas. De otra manera el mismo perdería su santidad. Además, nos es necesario practicar esta ordenanza bíblica mediante una higiene estricta para no transmitir enfermedades contagiosas.

4.  Es para todos los hermanos

Saludad a todos los hermanos con ósculo santo (1 Tesalonicenses 5.26).

Está claro que nuestro amor debe ser el mismo para todos y sin parcialidad alguna. De acuerdo con lo que ha sido expuesto hasta aquí, nosotros saludamos a todoslos hermanos de la iglesia con el ósculo de amor. Creemos que no debemos usar este saludo como un ósculo de juicio al evitar a tal hermano tan sólo porque pensamos que el mismo no es digno de nuestro saludo. En este caso Dios no nos ha puesto como jueces. No obstante, si tal hermano hubiera pecado entonces la iglesia, guiada por los pastores, ha de tratarlo de acuerdo a lo que enseña la palabra de Dios con relación a los transgresores.

Preguntas

1.  ¿Por qué debemos practicar el ósculo santo?

2.  ¿Cómo difiere el ósculo santo del saludo común?

3.  ¿Qué simboliza el ósculo santo?

4.  ¿Quiénes lo deben practicar?

F.  La unción con aceite

1.  La base bíblica

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5.13–16).

No creemos que todos los cristianos tengan que ser ungidos con aceite. Lo cierto es que no todos se enferman. Sin embargo, si un creyente está enfermo y siente que Dios lo impulsa a pedir la unción con aceite entonces no debe tardar en obedecer.

El aceite se ha usado desde tiempos muy antiguos como un ungüento para curar. De manera que el mismo es también un símbolo muy apropiado del poder de Dios para sanar el cuerpo. Los discípulos de Jesús lo usaron con un significado simbólico en algunas de las sanidades que hicieron. (Véase Marcos 6.13.)

2.  Para la sanidad del cuerpo

Creemos que no es práctico que esta ordenanza sea practicada con alguna persona que esté a punto de morir y que ya no existan esperanzas de sanidad. La misma no es una unción para el alma. La Biblia claramente revela el propósito de esta ordenanza: “la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantara”.

3.  Llevado a cabo con la oración de fe

No es el aceite lo que sana al enfermo. Dios lo levantará por medio de “la oración de fe”. Tanto el enfermo como los líderes de la iglesia que suministran la ordenanza y todos los presentes deben tener fe que el Señor escuchará sus oraciones y sanará al enfermo si es su voluntad.

El enfermo y todos los que presencian la unción con aceite deben examinar sus vidas para asegurarse de que estén limpias de todo pecado. La Biblia dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Dios no podrá honrar las oraciones y sanar al enfermo si las vidas de los presentes estuvieran manchadas de pecado.

4.  Suministrada a los creyentes enfermos por los ancianos de la iglesia

La Biblia enseña claramente quién debe solicitar la unción y a quién se debe llamar. El enfermo debe llamar a los ancianos (los pastores) de la iglesia. De este modo entendemos que esta ordenanza no es para los niños, porque ellos no tienen el entendimiento necesario para solicitarla; tampoco es para los incrédulos, porque ellos no son parte de la iglesia. Además, ni los niños ni los incrédulos cuentan con la fe verdadera para la sanidad hasta tanto no la tengan para la salvación. Como último punto, el libro de Santiago está dirigido a los hermanos (Santiago 1.2; 5.7, 9–10, 12, etc.) y los versículos acerca de la unción con aceite comienzan de la siguiente manera: “¿Está alguno entre vosotros afligido?”. Esto significa que sólo los que están entre los hermanos tienen este privilegio.

Al crecer en la vida cristiana y al acercarnos más y más a Dios, sin duda tendremos más oportunidad de practicar esta sugerencia divina para la sanidad de los enfermos.

Preguntas

1.  ¿Por qué la iglesia cristiana establece la unción con aceite como una ordenanza?

2.  ¿Cuál es el propósito de esta ordenanza?

3.  ¿Qué requisitos debemos cumplir para llevar a cabo la unción con aceite?

4.  ¿Para quiénes es esta ordenanza?

5.  ¿Quiénes están autorizados para suministrarla?

G.  El matrimonio santo

1.  Su significado simbólico

El matrimonio santo se ha clasificado como una ordenanza de la iglesia porque lleva en sí una ceremonia externa que hace la unión entre dos personas. Esa ceremonia la lleva a cabo el hombre, pero la unión interna es obra de Dios.

La vida matrimonial también contiene otro símbolo. La Biblia habla de la iglesia como la esposa de Cristo. La unión santa de los cónyuges en una relación íntima y recíproca para toda la vida nos ofrece una representación hermosa de la relación de Cristo y la iglesia. (Véase Efesios 5.24–25.)

2.  El origen del matrimonio

Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno (Marcos 10.6–8).

Jesús reafirmó que el matrimonio entre un hombre y una mujer fue el plan de Dios desde la creación. Dios el Creador lo instituyó así desde el mismo principio, y su plan nunca ha cambiado ni nunca cambiará. (Véase Génesis 2.20–24.)

3.  El propósito del matrimonio

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él (Génesis 2.18). Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1.28).

Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. Fue así como él creó a la mujer para que ambos pudieran ayudarse mutuamente y propagar el género humano. La Biblia no ordena que todas las personas se casen, pero sí ordena que un hombre y una mujer se casen antes de vivir juntos. Siempre ha sido el plan de Dios que los hijos sean criados en la pureza y la santidad del hogar. Sujetarnos a su plan para el matrimonio nos trae gran bendición y felicidad

4.  La permanencia del matrimonio

Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Marcos 10.9). Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera (Lucas 16.18).

Otro punto del plan de Dios para el matrimonio se nota en estos versículos que acabamos de citar: que el matrimonio dura para toda la vida. El matrimonio une a los cónyuges por el resto de su vida, hasta que uno u otro muera. (Véase 1 Corintios 7.39.)

En el Antiguo Testamento se permitió el divorcio por la dureza de los corazones de los creyentes de aquel tiempo, pero ese nunca fue el plan de Dios para el género humano. Jesús enseña clara y enfáticamente que el divorcio no será permitido entre sus seguidores. (Véase Mateo 19.3–9.) El Nuevo Testamento permite una separación en ciertos casos, pero aun así prohíbe estrictamente las segundas nupcias. (Véase 1 Corintios 7.10–13.) Sólo la muerte puede romper los vínculos matrimoniales, y la persona que se divorcia y se casa la segunda vez mientras viva su cónyuge es llamada adúltera. (Véase Romanos 7.2–3; Mateo 5.31–32.)

5.  La poligamia prohibida

Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido (1 Corintios 7.2).

Dios permitió a los que vivieron bajo el Antiguo Testamento tener más de una mujer, pero aun en aquel tiempo esto produjo mucha infelicidad y demasiados problemas. El Nuevo Testamento en ninguna manera autoriza esta práctica. La regla establecida por Dios en el principio y reafirmada por Jesús deberá gobernar nuestras relaciones matrimoniales: “El hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”.

6.  El “yugo desigual” prohibido

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2 Corintios 6.14).

Antes de la venida de Cristo, Dios advirtió repetidas veces a su pueblo Israel que no se mezclara con los pueblos idólatras uniéndose en matrimonios con ellos. (Véase Deuteronomio 7.1–4; Josué 23.11–13; Nehemías 13.23–27.) Según el Nuevo Testamento, la misma regla queda válida para nosotros en la actualidad. Sin lugar a dudas, el matrimonio del creyente con el incrédulo es un “yugo desigual” y viola el mandamiento de casarse “en el Señor” (1 Corintios 7.39). Si existen matrimonios de creyentes con incrédulos, Dios sabe que sucederá como sucedió con el rey Salomón: el compañero incrédulo tendrá una tendencia constante a desviar al creyente de la fe, y un hogar dividido así no podrá educar a los hijos “en disciplina y amonestación del Señor”. El camino del “yugo desigual” en el matrimonio conduce al desastre espiritual.

Preguntas

1.  ¿Qué simbolismo tiene el matrimonio santo?

2.  ¿Cuándo fue instituido el matrimonio?

3.  ¿Por qué Dios instituyó el matrimonio?

4.  ¿Qué enseñan las escrituras del Nuevo Testamento acerca del divorcio y las segundas nupcias?

5.  ¿Hasta cuándo duran los lazos matrimoniales?

6.  ¿Por qué Dios prohíbe la poligamia?

7.  ¿Por qué no debe contraer matrimonio un(a) creyente con un(a) incrédulo(a)?